Header Ads

News

Cartas de Fabio Pabon Portilla, Mundial Rusia 2018

Hace mĂĄs de 300 años, cuenta la historia, los marineros de la flota de su majestad inglesa que ya surcaba los mares infinitos y todavĂ­a los surca, llegaron a los puertos de Inglaterra con un cuento chino que nadie les creyĂł, tal como suele suceder con los cuentos chinos, donde nadie cree pero todos escuchan con atenciĂłn el misterio chino y mucho mĂĄs Ă©ste cuento que tenĂ­a 2000 años de existencia. Afirmaban los marineros, incluido el flemĂĄtico almirantazgo, que en la capital de China, PekĂ­n en su primera pronunciaciĂłn sonora, los monjes de la ciudad prohibida se recreaban con un juego de mucho roce y mucho choque en la disputa de una pelota de cuero. La particularidad del juego consistĂ­a en que estaba prohibido utilizar las manos para controlar la pelota y quien las utilizara era castigado de forma severa. La verdad, decĂ­an los marineros, es la Ășnica regla y no estĂĄ escrita es tĂĄcita. AdemĂĄs los jugadores se dividen en dos bandos y no tiene nĂșmero determinado de participantes en cada bando. El gran premio de la contienda se basaba en meter la pelota de patadĂłn por el medio de dos palos verticales separado tres metros entre si y ubicados en dos extremos convencionales de la cancha sin fin. Y aunque los monjes eunucos tenĂ­an prioridad en el juego recreativo, su feminidad no tenĂ­a nada que ver con la terrible violencia del juego. Los ingleses grandes aficionados a los juegos bĂ©licos tomaron esta modalidad china y la practicaron de formas tan rudimentaria y violenta en las calles de los puertos que las autoridades prohibieron sus exhibiciones. Fue imposible y demasiado tarde. Ya pueblos y comarcas se enfrentaban a muerte por la disputa de una pelota de cuero con un sentido militar de bandos y disposiciones tĂĄcticas de control y manejo. Nadie pudo entender esa pasiĂłn inglesa por un juego de la lejana China. Sin darse cuenta y por andar en intrigas palaciegas y chismes cortesanos las autoridades del reino no se dieron cuenta a quĂ© hora el juego chino se convirtiĂł en una calamidad pĂșblica por su vehemencia y su violencia. No hubo manera de prohibir su prĂĄctica, toda autoridad fue sobrepasada y capitularon cuando se enteraron que ingleses y escoceses ya tenĂ­an duelos nacionales que se dirimĂ­an en interminables partidos al estilo chino. La fĂłrmula mĂĄgica surgiĂł del sentido comĂșn: El juego habĂ­a que reglamentarlo para que no se siguieran matando en las calles de las aldeas. El juego chino de las patadas, tal como se le conocĂ­a por aquellos años, pasĂł a llamarse “foot ball” en lengua inglesa sajona y con el tiempo y el reglamento cada vez con mayores reformas, dejaron atrĂĄs la presencia desordenada de “la chusma” y se hizo elite exclusiva de los señoritos de los colegios londinenses. Ahora bien, esa confrontaciĂłn de violencia contenida o no, sigue latente en todos los escenario del mundo y se requiere de fuerza pĂșblica para contener los desmanes de algunos sectores de las tribunas en los estadios de cualquier ciudad. Igual que hace mĂĄs de 2000 años cuando el proto-fĂștbol Chino apareciĂł de pronto en la Ciudad Prohibida. El fĂștbol siempre fue un acontecimiento cotidiano y sigue siĂ©ndolo. Nadie se puede sustraer a su encanto, incluso al seudo-encanto de los goles con la mano que en tiempos remotos de los eunucos al autor le hubiesen decapitado. AsĂ­ comenzĂł todo hace apenas algo mĂĄs de 2000 años.

EL ACONTECIMIENTO.

Sucede y acontece que el mundo entero hoy estĂĄ engalanado con el acaecimiento de Rusia 2018 y ya nadie quiere tocar otro tema que no sea el fĂștbol en cualquiera de sus manifestaciones, es decir, como aficionado o como no aficionado pero sin ninguna posibilidad de permanecer al margen de las filigranas comunicacionales en relaciĂłn directa con el fĂștbol. El mundo en reposo activo, el mundo inquieto, el mundo movilizado, el mundo vestido de colores, los hogares del planeta tierra mirando el acontecimiento del rodar de una pelota que nadie puede tocar con la mano para dominarla y mucho menos para marcar un gol, claro, la excepciĂłn es el arquero que la puede manipular como quiera con pies y con manos pero, eso sĂ­, en una zona limitada. El arquero fue un invento de los ingleses ante la obvia desventaja de quien debĂ­a cuidar la meta final del goal y donde varios arqueros de aquellos tiempos dejaron su esqueleto triturado en la lĂ­nea. El palo horizontal del arco fue un reclamo justo de los arqueros. El horizontal les achicĂł el espacio a los carniceros “fowar”(asĂ­ le decĂ­an al centro delantero de esos tiempos).Claro que es bueno señalar que al comienzo no fue un horizontal de madera, fue una especie de hilo grueso que terminĂł de desesperar a los arqueros. Hoy es un aliado de los arqueros en los remates furiosos que se estrellan contra el travesaño. Rusia nos llega con la tecnologĂ­a de punta al servicio de la acciĂłn. Ya casi no queda margen para la equivocaciĂłn y las falta de apreciaciĂłn, aun asĂ­ el fĂștbol es inspiraciĂłn, es creaciĂłn, es inventiva y allĂ­, en ese sitio del espĂ­ritu, allĂ­ en ese vĂłrtice de la creaciĂłn, no hay tecnologĂ­a que valga, es genialidad y talento en estado puro con vertido en gol o en primorosa jugada o delicado adorno de taco y gambeta. LA COPA DEL MUNDO un sueño del francĂ©s Jules Rimet, quien maravillado y pasmado al ver jugar a los campeones olĂ­mpicos, los uruguayos suramericanos de 1928 que en vez de caerle a patadas a la pelota…la acariciaban y eran capaces de marcar goles de espaldas al marco contrario con el cuerpo sostenido en elevaciĂłn. El fĂștbol es un acontecimiento que el mundo y su gente merece ver por siempre y para siempre, Jules Rimet.